…es como encontrarse aquel actor que te impresionó interpretando Hamlet en la cola del pan, o aquel relato que te emocionó al anochecer, y te parece insulso a la mañana siguiente…esto fue lo que Ana le dijo a Oliverio…y estas frases resonaban esta mañana cuando la encontré en la pastelería. 300 gramos de pasteles y no podía apartar la mirada de ella, la cara limpia sin ningún maquillaje, el pelo recogido en una coleta y un abrigo negro simple y sin solapas.

Ella pidió una palmera de chocolate, mientras yo empecé a recordar, con 18 años ella era mi amor platónico, hace casi veinte años…me resistía a confirmar en mi cabeza que era ella, hasta que oí su saludo de despedida “Adiós y gracias”, la entonación, la musicalidad…sin duda era ella. En aquella época yo vivía con mis padres y ella compartía un piso con Iñaki…yo anhelaba verla todas las semanas…cada miércoles a las nueve y media…su sonrisa llenaba y expandía…subía por la escalera…yo odiaba a ese cabrón simpático de Iñaki y como al final se quedó con ella…

Mientras se marchaba de la pastelería, sonreí, la primera vez que la ví, casí no conocía nada del amor y ella era mi deseo secreto…hoy, tantos años más tarde y alguna mujer en mi vida más, me sentía un tonto romántico…recordando esos días…susurré un “¡hasta siempre Amparo1″ mientrás la dependiente me miraba con cara extrañada…

La verdad es que podía haber comenzado este post con un…esta mañana he visto a Amparo Larrañaga en la pastelería Mallorca y me he acordado de cuando la veía en “Media Naranja”…pero estamos un poco románticos…por cierto también recordé la obra de teatro “Los ochenta son nuestros”…y mi cabeza voló hasta Flavia Zarzo y la noche que la conocí en un bar de Huertas…pero eso sí que es otra historia…