Aquella noche llegué como siempre tarde a la cita, y ya nadie me estaba esperando en la barra del Mikonos. Mientras sonaba una canción de Joe Cocker, me sentí el hombre más solitario del mundo…
Encendí con parsimonia un cohiba número dos, mientras el barman traía mi habitual Jack Daniels con tres cubitos de hielo. En mi primera bocanada la mezcla de humo y bourbon me hizo toser…daba igual.
Fuera las luces de navidad y la niebla configuraban un paisaje espectral…buen día para morir…o para vivir la última juerga.
Después de dos o tres sorbos levanté la vista y oteé el panorama de la noche, una noche tranquila en el bar. Sólo dos o tres personas apuraban sus copas, solos…sin futuro…
Diez meses preparando la cita y habia llegado tarde…me llamé en silencio gilipollas…mientras comenzó a sonar Van Morrison…me pedí a mi mismo un reloj nuevo por navidades y una nueva vida en otra ciudad.
Hoy no quiero hablar más …pero seguiré esperando en la barra del Mikonos…mientras mi puro se consume lentamente…