La tarde del examen Antonio estaba más nervioso de lo normal. No es que el trabajo fuera una maravilla pero le garantizaba al menos comer caliente una vez al día.

El llegó a Barcelona hacia casi veinte años, huyendo de la frustación que le causaba tener que levantarse todas las mañanas antes que el sol para plantar, recoger, vigilar los tomates de los que habian vivido casi toda la familia, desde que el tio Tomás decidió cambiar la plantación de tabaco y comenzó a plantar tomates. Un día Antonio cogió el tren en Badajoz y sin meditarlo mucho acabo en Barcelona, quizás por su tendencia a ser tan metódico y ordenado decidió que debería continuar un orden alfabético en las ciudades en que visitaría.

Desde el primer día que visitó La Rambla se enamoró de ella, incluso durante una temporada compartió su habitación de pensión con “lolo” un periquito que compró allí mismo…”Lolo” murió hace más de cinco años. Esa tarde Antonio decidió abandonar su trabajo de limpiador en un hospital y se hizo estatua viviente en La Rambla. Al principio le daba vergüenza salir maquillado de la pensión y coger el metro con esa facha. Al cabo de unos meses Antonio tenía su sitio fijo, al lado de una terraza donde los ingleses deglutian “paehla” con cerveza o sangría.

Tardó en encontrar el tipo de estatua que quería ser, fue faraón, drácula e incluso un avión con hélice. Finalmente optó por ser una estatua siglo XIX, estilo poeta maldito o vate popular. el color cobre engañaba incluso a las palomas que le usaban a ratos como área de descanso. Antonio nunca se movió a destiempo, siempre esperaba el tintineo de las monedas para elaborar un movimiento que inmediatamente era captado por al menos cinco turistas japoneses.

La noticia que todas las estatuas humanas serían examinadas por el Ayuntamiento corrió como un reguero de polvora entre todas las estatuas…”Indiana Jones” dijo que era imposible, “El soldado” explicó que en Milán eso no pasaba…todos callaron cuando habló “El mimo”, Gerard el mimo llevaba más de quince años como estatua viviente, cuando la rambla era el único lugar en el mundo donde se podían admirar este tipo de espectaculo. Gerard, “dijo no está mal, esto se está llenando de borrachos tripones con maquillajes de puta”.

El día del examen Antonio se preparó a conciencia, no quedaba una sola parte de su cuerpo que no pareciera cobre autentico…él era el último, ya no quedaba nadie en la sala de espera. Al final de sala de espera una pequeña puerta dónde el comité de expertos en estatuas humanas evaluaba a cada una de las estatuas aquellas que eran aptas recibian un diploma, firmado por el propio ex-presidente Maragall, que les facultaba para desempeñar el trabajo en la rambla.

La puerta se abrió y desde dentro una voz gritó “Nuñez, Antonio…Antonio Nuñez”, Antonio no se movió, ni pestañeó…era una estatua perfecta.La voz volvió a gritar su nombre con un tono más impaciente…Antonio continuó sin mover ni un sólo musculo, Estaba seguro que el comité estaría de acuerdo que nadie merecía ser más estatua que él. A los cinco minutos oyó su nombre por última vez y la puerta se cerró. Dos horas más tarde los tres expertos salieron con una carpeta repleta de expedientes, Antonio oyó comentar a uno “Finalmente de 150 estatuas, 50 aprobados, 99 suspensos y uno no presentado”.

 

A la mañana siguiente sobre las seis, Doña Petra abrió las dependencias municipales para limpiar, al llegar a la sala de espera, se extrañó de que el alcalde hubiera decidió poner una estatua en esa sala. En cualquier caso pasó el plumero por encima de Antonio. El ni se movió aunque ciertamente deseaba oir el tintineo de una moneda para poder mover el pie derecho.

 

Cuento surgido después de leer una noticia  en La Vanguardia…sobre que el ayuntamiento quiere evitar que cualquiera sea estatua humana en La Rambla.