Yuèxià Lăorén, el anciano bajo la luz de la luna“, es conocido como el Dios del amor desde los lejanos tiempos de la dinastia Tang…

Wei Gu, deambuleaba por las callejuelas cuando se encontró con un anciano sentado bajo la luz de una preciosa luna llena. El anciano estaba leyendo un gran pergamino y a sus pies se encontraba una gran bolsa. “¿Qué estás leyendo?”le preguntó Wei Gu señalando el pergamino. El anciano levantó su vista del pergamino y con una voz suave le respondió “El gran pergamino de los matrimonios, dónde están los nombres de todas las parejas” “¿Y esa bolsa?” “Está llena de cordeles rojos para atar a las parejas, si dos personas son conectadas por un lazo rojo nada puede evitar que acaben como matrimonio”…Wei Gu estaba cada vez más intrigado pero a la vez la incredulidad le obligaba a mantener una postura distante, sin embargo no pudo evitar preguntar al anciano si su nombre aparecia en el gran pergamino…el anciano sonrió y señalando el final de la callejuela más oscura, le dijó “Tú mujer, es ahora una niña de tres años, hija de una vieja vendedora ambulante que vive al final de esta calle, ambas viven sin techo…”

Wei Gu se sintió indignado, el era un joven prometedor, miembro de una de las mejores familias, cómo podía ser que ese estupido anciano se atreviera incluso a sugerir que su mujer era una niña de tres años que vivía en la calle…ciego de por la ira, abandonó al anciano y se internó en la oscura callejuela…al final cerca del rio, encontró a una anciana dormitando en un viejo jergón y a su lado una pequeña niña…sacó de entre su ropas un pequeño cuchillo…en ese momento de ira pensó que podía matar a ambas y esquivar al destino que le había pronosticado el anciano.

En ese momento Li Tao, la pequeña niña, se despertó y de un salto se abrazó a la pierna Wei Gu, con tan mala suerte que se cortó la ceja…Wei Gu la miró, Li Tao ni siquiera lloró, aunque la sangre bajaba por su ceja como lagrimas rojas…Wei Gu no pudo continuar con su macabro plan y se marchó corriendo…

Wei Gu continuó su vida y algunos años más tarde un general del ejercito se sugerió que se casara con su hija, Wei Gu recordó las palabras del anciano y sonrío…iba a cambiar su destino.

La tarde que la ceremonia de presentación tuvo lugar, Wei Gu se sentía ufano…finalmente iba a tener una mujer acorde a su estatus…El viejo general le hizo pasar y al rato apareció ella…

Una hermosa joven apareció entre los biombos, tapando parte de su cara con un abanico…Wei Gu sonrió y pensó que era un hombre afortunado. Ella lentamente dejó que su abanico se cerrara y dejó a la vista el rostro más hermoso que nunca se habia visto…una cicatriz cruzaba su ceja derecha…Wei Gu nervioso preguntó al general cual era el motivo de esa cicatriz…el general bajó la voz y le contó a Wei Gu que habia encontrado a su hija perdida por las calles y decidió adoptarla…Li Tao, le contó a Wei Gu que cuando era muy pequeña un demonio habia aparecido una noche y le habia hecho esa cicatriz…

Wei Gu avergonzado confesó que él era ese demonio…Durante los cuarenta años que duró el matrimonio, todas las mañanas Wei Gu le levantaba temprano y ayudaba a su mujer a ocultar su cicatriz con un maquillaje de polvos de arroz…

Anoche alrededor de la medianoche, volvía paseando por las calles de Barcelona camino del hotel, y cerca de mi hotel en Sans, vi a un mendigo sentado en un banco leyendo un viejo libro, y a sus pies una gran bolsa de la que salía un cordón rojo…¿Casualidad?puede ser, pero en ese momento recordé la historia del “Anciano bajo la luz de la luna”…lo que no os contaré, al menos por ahora, si me paré a hablar con el o si salí corriendo…

Nota curiosa: A los casamenteros chinos se les llama Yuèlăo, abreviatura de Yuèxià Lăorén…y quien no ha oido la expresión de “los lazos del matrimonio”…

Ahora espero que todos los que leais esto busqueis a aquel/aquella que está unido a vosotros por ese lazo rojo invisible con el que os ha atado Yuèxià Lăorén.